Estamos tan acostumbrados a estar continuamente pensando en mañana que se nos olvida vivir el momento presente. Hace ya dos meses que tuvimos que cerrar puertas y contemplar la vida desde la ventana. Son muchas mañanas y noches sin saber qué va a suceder en el nuevo amanecer. Y desde ese silencio, somos muchos los que nos hemos desesperado, muchos los que hemos soñado y otros muchos los que hemos llorado. Ha sido tiempo de mirar en nuestro interior descubriendo cómo la vida continua y tomando conciencia de lo que ha sido nuestra vida hasta el momento y de esos grandes cambios que queremos que ocurran en nuestra manera de ver y valorar las cosas. Son muchos los valores que estamos aprendiendo desde esta quietud, muchos los valores perdidos que hoy están resurgiendo desde nuestros adentros. El amor a la familia, a los amigos, a la naturaleza, a la vida.

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